Edición 622, Domingo 28 de Febrero de 2010
Arquidiócesis de Puebla
               
 

Interpersonal

El desencanto del
cristianismo

Por Pbro. Alejandro Cortés González

 

 

En nuestra obsesión de ser libres vivimos rechazando las normas, los estatutos, los 10 mandamientos de la Ley de Dios, y así dejamos que el timón de nuestra vida quede en manos de la comodidad, de los sentimientos o de lo que dicte la moda social.

Desafortunadamente son muchos los bautizados -fieles de Cristo- que no se interesan en vivir como auténticos cristianos, pues les resulta molesta, y hasta ridícula, la imagen de aquellos que viven aprisionados por sus escrúpulos preguntándose si todo lo que hacen es pecado o no. La imagen asfixiante de éstos está muy lejos de la alegría interna, y extrema, del verdadero discípulo de Jesús que sabe conjugar las exigencias de su maestro, con la naturalidad y libertad de quien quiere corresponder con amor al Amor, aunque le cueste.

Está claro que la imagen que el mundo espera de la religión católica debe ser optimista y atractiva. Sin embargo, la idea que se tiene de los santos, que ella nos pone como modelos de vida, está muy deteriorada cada vez que se les presenta como seres extraños desligados de las realidades mundanas por considerarlas superfluas y despreciables.

Joaquín Navarro Valls, quien fuera vocero de la Santa Sede durante el pontificado de Juan Pablo II, afirma: “Fuera de las hornacinas de las Iglesias, al Santo no sabemos dónde colocarlo. Esto es en parte consecuencia de la crisis de modelos que caracteriza nuestra cultura. Al héroe se le reconoce vigencia sólo en la literatura. Y al santo, en la penumbra inofensiva de los templos. Pero en la vida, es decir, en nuestra realidad inmediata, ambos viven sólo como sombras irreales, como arquetipos más cercanos al mito que al modelo de quien se puede aprender o a quien se debe imitar.

En nuestra obsesión de ser libres vivimos rechazando las normas, los estatutos, los 10 mandamientos de la Ley de Dios, y así dejamos que el timón de nuestra vida quede en manos de la comodidad, de los sentimientos o de lo que dicte la moda social y, con frecuencia, todo ello nos conduce a una esclavitud que no nos puede hacer felices, pues simplemente nos proporcionan ratos de diversión y placer… a veces cobrándonos facturas muy caras.

No tenemos claro que el santo es aquel que vive plenamente en el amor; quien es capaz, no sólo de dar su vida en un acto de bravura, sino mucho más, es capaz de darse a diario a los demás por amor a Dios, aunque su entrega pase desapercibida a los ojos de los demás, y en ello encuentra su felicidad…, una felicidad que no depende de sueldos, prestaciones, viajes y vacaciones, sino de la posibilidad de amar. Esto es lo que hace libres a los santos, con una libertad que el mundo sólo promete, pero… no nos cumple.

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Acerca del autor

Alejandro Cortés González-Báez


Alejandro Cortés González-Báez es sacerdote del Opus Dei y ejerce su ministerio en la Arquidiócesis de Monterrey. Escribe en diversos foros católicos (Almas, Yo Influyo, catholic.net, Mariología, AVM Radio, Autores Católicos y en Milenio edición Monterrey)

 
   
               
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