...nos preguntamos si en verdad se vale celebrar o más bien únicamente recordar la Revolución, que parece ante la Historia Patria como una cadena o secuencia cruenta y dolorosa de cuartelazos, asonadas, albazos y pugnas por el poder...
Al empezar este año, que coincide con el centenario de la llamada “Revolución Mexicana”, vale la pena analizar qué tanto hay que festejar o sólo conmemorar. Por ejemplo en el rubro de los ferrocarriles estamos peor ahora que entonces; el ferrocarril de Tehuantepec es un caso patente, y otros más que por el momento no mencionamos.
La historia de este ferrocarril que unía al Golfo de México en el puerto de Coatzacoalcos con el Océano Pacífico en Salina Cruz comenzó con los trabajos iniciados en 1880, en la transición del poder presidencial de don Porfirio Díaz y su compadre Manuel González (alias “El Manco”). La longitud de las vías férreas era de 309 kilómetros. Las obras terminaron el 15 de octubre de 1894. La empresa operó al principio con pérdidas y por eso la casa inglesa Pearson and Son Ltd. se hizo cargo de la concesión. El 23 de enero de 1907, el Presidente de la República, don Porfirio Díaz Mori, inauguró los embarques que resultaron muy exitosos.
En 1914, los Estados Unidos iniciaron los fletes transportados por los barcos que transitaron en el Canal de Panamá. Esto fue el resultado del apoyo geopolítico yanqui que los rebeldes contra Colombia habían logrado en 1903. Por lo tanto, la competencia del ferrocarril de Tehuantepec tenía que ser eliminada.
Venustiano Carranza tuvo que ceder ante la presión del gobierno norteamericano, para hecerles este favor; desmanteló las vías férreas del ferrocarril trans-ístmico con el pseudo argumento de que las necesitaba en el norte para combatir a los villistas, después de derrotarlos con apoyo norteamericano en las llamadas “Batallas del Bajío”, en 1915.
Quien escribe esto posee documentos originales para mostrar que desde 1908 ya existía un proyecto de ferrocarril desde Teziutlán al puerto de Nautla, y así tener otra vía de acceso al Golfo de México por el noreste poblano. Esto quedó cancelado con la revolución maderista (1910-1911). Más aún, en el sexenio del presidente Ernesto Zedillo ( 1994-2000) se suprimió el ferrocarril a Teziutlán, dejando sin esa importante comunicación popular y barata a esa región, que incluía el famoso túnel de Tezompa.
En consecuencia, nos preguntamos si en verdad se vale celebrar o más bien únicamente recordar la Revolución, que parece ante la Historia Patria como una cadena o secuencia cruenta y dolorosa de cuartelazos, asonadas, albazos y pugnas por el poder?
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