En los últimos días se ha presentado la propuesta de reforma para el artículo 40 constitucional y añadirle el adjetivo “laico” a lo republicano, democrático y federal (?). Dejando a un lado por ahora la paradoja que muestra la raíz griega del mencionado concepto laico (“laós, oú, ó”, que significa” pueblo de Israel”, “pueblo cristiano” y “el espacio reservado para los asistentes a la liturgia, dentro del templo”), pasemos a otras polémicas y debates constitucionales del pasado:
-El Universal del 19 de febrero de 1917, doce días después de la promulgación de La Constitución, Luis Manuel Rojas (quien había sido Presidente del Congreso Constituyente en Querétaro y defensor de la opiniones de Venustiano Carranza) publicó lo siguiente: “yo (no) la supongo una obra perfecta; pues, por el contrario, confieso llanamente que le quedaron algunos lunares visibles, por exageraciones o defectos en cuestiones de importancia... Seguramente que los Diputados al Congreso Constituyente de Querétaro, con la mejor intención, han cometido sus errores en esas materias (obrera y agraria), los que se volverán quizá en perjuicio de las mismas clases populares que se trató de favorecer... La libertad de enseñanza... y, en general lo relativo al clero y a la Iglesia Católica, sufrieron también la influencia de las apasionadas preocupaciones que no sin razón se manifiestan en los pueblos de civilización latina en sus grandes momentos de convulsiones... Sin embargo, de que un sesenta por ciento cuando menos de los Diputados constituyentes pertenecían a la clase militar... no fue posible que se realizara en esta vez la reforma profunda que reclama entre nosotros, desde hace un siglo la arcáica institución del Ejército para hacerla compatible con las instituciones democráticas...
En fin, la Constitución de 1917, reformada en Querétaro (respecto a la del 5 de febrero de 1857), es una resultante o término medio de las principales opiniones y tendencias políticas del pueblo mexicano…”
- La Revista Mexicana (San Antonio, Texas) del 18 de marzo de 1917 presentó lo que Manuel Calero opinó sobre la Constitución de 1917: “Los hombres que hicieron la revolución con Venustiano Carranza llamaron a su movimiento ‘constitucionalista’... El que era cabeza de la revolución siempre alegó como título para su jefatura la circunstancia de que como Gobernador de Coahuila había protestado ‘GUARDAR Y HACER GUARDAR LA CONSTITUCION’ (sic, en mayúsculas)... y agregó que el ejército constitucionalista había adoptado este nombre ‘PORQUE SU MISION UNICA ERA LA DE RESTABLECER EL IMPERIO DE LA CONSTITUCION DE 1857’ ( sic). Burlando estos solemnes compromisos y engreído con la fuerza material y moral que le aporta la protección del gobierno de los Estados Unidos, Carranza se ha empeñado en dar al país una nueva Constitución. Para ello ha contado con el servilismo de una parte del elemento militar revolucionario... y con la abyección de algunos políticos corrompidos y famélicos... Contra este fraude sin nombre, contra este atentado al derecho y a las libertades públicas de nuestra patria PROTESTAMOS SOLEMNEMENTE (sic)... Desterrados, como muchos otros, por la criminal intransigencia carrancista, no estamos colectivamente considerados, unidos a un compromiso político... pero todos somos liberales, resueltos a impedir que perezca la obra gloriosa del histórico Partido Liberal Mexicano...”
Por espacio y brevedad dejamos para otra ocasión lo que Andrés Molina Enríquez, autor de la obra notable Los Grandes Problemas Nacionales, opinó también sobre la Constitución de 1917. Estos contextos nos ayudan a entender por qué La Constitución o Carta Magna de Querétaro ha tenido que adecuarse o modificarse más de 400 veces en menos de un siglo, recordando que tan sólo en el período presidencial del general Abelardo L. Rodríguez (1932-34) hubo 32 retoques al articulado constitucional.
¡Alabado sea Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, más allá de la caducidad de las leyes o normas escritas que cuando se promulgan comienzan a fenecer, y llegando a ser después del tiempo únicamente “artículos muertos”!
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