Edición 619, Domingo 7 de Febrero de 2010
Arquidiócesis de Puebla
               
 

El Pulso de la Fe

Católicos y Judíos

Por Roberto O´Farril Corona

 

 

Ambos decimos amar a Dios, y lo hacemos, pero falta que nos lo demostremos.

El último siglo de judaísmo y de cristianismo está sirviendo, finalmente, para enmendar desencuentros, descalificaciones y persecuciones que han sido provocados y vividos tanto por judíos como por católicos.

A inicios del tercer milenio se han dado varios adelantos, además de varias iniciativas que tuvieron lugar en el siglo XX, a fin de establecer un diálogo de encuentro y de comprensión mutuo. Este diálogo ha crecido mucho entre los líderes, pero poco entre ambos pueblos de Dios. Se dan serias y torcidas formas de desdén y de desprecio en judíos que siguen llamando “perros” a los cristianos y en cristianos que siguen llamando “asesinos de Dios” a los judíos.

En 1986 Juan Pablo II visitó la sinagoga de Roma. En marzo de 2000 estuvo en Jerusalén y oró en el muro de los Lamentos en medio de un gran operativo de seguridad, pero también en medio de muestras de desdén y bajo una lluvia de gritos e insultos por parte de judíos fundamentalistas. Eso no impidió que el Papa dejara un pergamino con un texto escrito de su puño y letra en el que al final se lee: “Queremos comprometernos en una auténtica fraternidad con el pueblo de la Alianza”. Su manuscrito después fue colocado en el Museo del Holocausto en donde permanece en exhibición, cosa que todavía debe ser ocasión de vergüenza para quienes le insultaron mientras concretaba tan noble gesto de cercanía. Ese desdén no detuvo a Juan Pablo II y continuó con muchas más acciones de acercamiento hacia “los hermanos mayores en la fe” como él mismo llamó al pueblo de Israel.

El 28 de mayo de 2006, durante su viaje a Polonia, Benedicto XVI visitó el campo de concentración de Auschwitz y explicó: “El objetivo de mi estancia hoy, aquí, es para implorar la reconciliación, con Dios, con los hombres que han sufrido y con todos aquellos que en esta hora de la historia sufren de nuevo bajo el poder del odio y bajo la violencia fomentada por el odio”.

Por la mañana del 12 de mayo de 2009, durante su viaje a Tierra Santa, Benedicto XVI quiso acudir al muro de los Lamentos y él también depositó, en una hendidura, una oración. También a él le insultaron algunos extremistas judíos mientras escupían al suelo en señal de desprecio. En su oración el Papa pidió a Dios: “Despierta el corazón de todos los que invocan tu nombre, para caminar humildemente por la senda de la justicia y el amor”.

Benedicto XVI ha tenido muchas muestras más de cercanía hacia el judaísmo: Estuvo en la sinagoga de Colonia, en Alemania, en agosto de 2005 y en la de Nueva York en 2008. Ahora el Papa ha vuelto a entrar al templo judío, a la sinagoga de Roma, el pasado 17 de enero.

Durante este encuentro, el presidente de la comunidad judía de Roma, Riccardo Pacifici, reconoció la ayuda prestada por el Papa Pío XII a los judíos perseguidos y acorralados durante el Holocausto, cuando dijo: “Si estoy aquí, hablando de este lugar sagrado, es porque mi padre y mi tío Raffaele encontraron refugio en el Convento de las Hermanas de Santa Marta en Florencia”.

El rabino jefe de la comunidad judía de Roma, Riccardo Di Segni, dijo que: “A pesar de una historia dramática, los problemas abiertos y las incomprensiones, hay que poner en primer plano los puntos de vista compartidos y los objetivos comunes. La imagen de respeto y de amistad que emana de este encuentro tiene que ser un ejemplo para todos los que nos observan”.

Benedicto XVI, por su parte, estableció que “Cristianos y Judíos tienen una gran parte de patrimonio espiritual en común, rezan al mismo Señor, tienen las mismas raíces, pero a menudo siguen siendo desconocidos los unos para los otros. Nos corresponde a nosotros, en respuesta a la llamada de Dios, trabajar para que permanezca siempre abierto el espacio del diálogo, del respeto recíproco, del crecimiento en la amistad, del testimonio común frente a los desafíos de nuestro tiempo, que nos invitan a colaborar por el bien de la humanidad en este mundo creado por Dios, el Omnipotente y el Misericordioso”.

Ahora faltan las manifestaciones que deben brotar de los corazones de judíos y de católicos. Ambos decimos amar a Dios, y lo hacemos, pero falta que nos lo demostremos. Conozco a un rabino santo, Abraham Palti, quien me llevó a su sinagoga en la noche de un viernes, luego a cenar a su casa con su familia. Somos grandes amigos y ambos lo sabemos, como sabemos que compartimos al mismo Dios, que es quien nos inspira.

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Acerca del autor

Roberto O´Farril Corona
Roberto O´Farril es periodista acreditado ante la sala de prensa de la Santa Sede, conferencista sobre temas eclesiásticos. Representante en México del Centro Televisivo Vaticano y Radio Vaticano. Caballero Gracia Magistral de la Orden de Malta, Comendador de la Orden Pontificia de San Gregorio Magno y Consejero de la Fundación León XIII.

Defensor de la fe y la evangelización en su programa de televisión "El Pulso de la Fe" en Proyecto 40 y "La libertad de creer" en el canal 34 de televisión mexiquense.

Difunde los programas de radio "Gólgota, punto de meditación y encuentro", así como "El pulso del Papa desde la Ciudad del Vaticano" a través de la estación Radio Capital en el 830 de AM en la ciudad de México

Colabora en diversas publicaciones católicas tales como CatólicoDigital, Church Forum, Mater Unitatis, Camineo y Tiempo de análisis.

Creador del sitio web verycreer.com

   
               
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