Coronavirus y nuestra realidad mexicana - Koinonia

Revista Koinonía
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Coronavirus y nuestra realidad mexicana



Pbro. Dr. Julio César Saucedo T.
El coronavirus: un diagnóstico de nuestra realidad mexicana

1. Los infortunios políticos y su influencia social en la interpretación del Covid-19
Nuestra sociedad mexicana, ha sido testigo de las decisiones políticas que han favorecido el mito de la conspiración. De hecho, los autores Alejandro Rosas y Julio Patán realizaron una recolección pintoresca de las historias sociopolíticas que, solo pueden ocurrir aquí en México (México Bizarro. El país que no quieres recordar, Planeta 2017). La más significativa es la del famoso “Chupacabras”, un bípedo con dientes afilados, espinas en la espalda, garras largas, filosas y curvadas, entre otras características más. La noticia tan sensacionalista se hizo de interés público en nuestro país hacia el año 1996. Los noticieros y programas de entretenimiento dieron una gran cobertura por medio de sus conjeturas e interpretaciones que, mantenían al televidente en una gran expectativa.
Quienes recuerdan los años 90’s de nuestro México, saben que fue una época bastante difícil: en el año 1993 mataron al cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, en 1994 asesinaron a Luis Donaldo Colosio y meses más tarde, ocurrió el homicidio de José Francisco Ruiz Massieu. Aquel año tan complicado fue coronado por la devaluación del peso mexicano.
Ante un sexenio (1994-2000) que iniciaba mal, era necesaria una cortina mediática y la leyenda del “chupacabras” de origen puertorriqueño, proporcionaba el deseado entretenimiento-distractor:
«El año de 1996, en un poblado escuetísimo de la sierra de Puebla, 30 ovejas aparecieron muertas de forma inexplicable. No tardaron en llegar los reporteros de la oficina local de Televisa y una doctora que, con mano firme, hizo una autopsia a uno de los animales. Y la autopsia reveló algo estremecedor: que no había gota de sangre en ese triste cuadrúpedo. Los guantes de Soledad de la Peña estaban inmaculados. El Chupacabras había saltado los mares. Estaba entre nosotros. México se había convertido en tierra de vampiros».
Por si fuera poco, en ese mismo año (1996), la Procuraduría General de la República le pediría sus servicios a una vidente, llamada Francisca Zetina, mejor conocida como “la Paca”. El trabajo consistía en encontrar los restos del político Manuel Muñoz Rocha, en una finca llamada el Encanto. Comprendamos lo absurdo: contratar a una supuesta vidente y astróloga para encontrar restos humanos, descartando los análisis científicos de los peritos forenses. ¿Dónde más podría suceder algo así? La historia termina con un importante hallazgo: la aparición de una osamenta, que no correspondían a los restos del político mexicano, sino al suegro de la llamada Paca. Se cuenta que, este teatro mediático costó cerca de cuatro millones de pesos, provenientes de los impuestos de los mexicanos.
Tan solo con estos dos casos, podemos comprender que, los políticos mexicanos al no contar con una preparación académica, emplean una justicia de entretenimiento y un continuo recurso al pensamiento mágico, suscitando en algunos sectores de nuestra sociedad, una interpretación de conspiración.
Estos son algunos parámetros, bajo los cuales se interpretó la presencia del Covid-19 en nuestro país. No es raro encontrar, todavía, personas que piensan que, el coronavirus es una invención del gobierno; y no es para menos, teniendo presente que, en nuestra historia sociocultural, hay vestigios de “leyendas urbanas” y “verdades históricas” que no lo son. A ello, le sumamos un gobierno que, con un lenguaje irresponsable e imprudente minimizó la gravedad de la pandemia. Veamos una breve cronología de varios dichos en este tiempo de crisis:
  • 28 de febrero: [se confirma el primer caso de covid-19 en México]. «Estamos preparados para enfrentar el coronavirus […] Quiero que se explique con precisión sobre la gravedad del coronavirus. Porque no es, según la información que se tiene, algo terrible, fatal, ni siquiera es equivalente a la influenza». Con estas declaraciones, Andrés Manuel López Obrador descartó la posibilidad de cancelar las giras por el país.
  • El 2 de marzo: «Creo que ha resistido nuestra economía, sobre todo, el peso aguantó esta primera etapa de coronavirus. Ha habido una depreciación, pero estaba bastante apreciado. Van a estar tranquilos los mercados, ese es mi pronóstico, en México no vamos a tener problemas mayores» [AMLO].
  • 10 de marzo: «Hay quien dice que por lo de coronavirus no hay que abrazarse. Pero hay que abrazarse, no pasa nada, así. Nada de confrontación, ni de pleitos» [AMLO].
  • 11 de marzo: «No estamos ocultando información de nada. Por eso, decidí informar diario, porque los conozco a mis adversarios, no, no, porque es lamentable que quieran que nos infectemos, yo estoy deseando que eso no pase, pero los conservadores quisieran para echarnos la culpa de todo, están desesperados» [AMLO].
  • 16 de marzo: «Afortunadamente él goza de buena salud y aunque pasa de los 60 años no quiere decir que sea una persona de especial riesgo; le voy a decir una cosa muy pragmática, casi sería mejor que padeciera coronavirus porque lo más probable es que él en lo individual, como la mayoría de las personas, se va a recuperar espontáneamente y va a quedar inmune y ya nadie tendría está inquietud sobre él» [Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud].
  • «La fuerza del presidente es moral, no es una fuerza de contagio, en términos de una persona, de un individuo, el presidente tiene la misma posibilidad de contagiar que tiene usted o que tengo yo […] el presidente no es una fuerza de contagio, entonces no tiene por qué ser la persona que contagie a las masas, o al revés» [Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud].
  • 18 de marzo: Mostrando una imagen de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús dijo: «El escudo protector es como el detente […] El escudo protector es la honestidad, eso es lo que protege, el no permitir la corrupción […] detente enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo» [AMLO].
  • 25 de marzo: «La mayoría (de los contagiados) son gente acomodada, ¿si lo saben o no?, si ustedes son ricos tienen el riesgo si ustedes son pobres no, los pobres estamos inmunes» [Miguel Barbosa, gobernador de Puebla].
  • 2 de abril: «Ayer usé por primera vez el término crisis transitoria, esto no va a tardar y vamos a salir fortalecidos, y vamos a salir fortalecidos porque no nos van a hacer cambiar en nuestro propósito de acabar con la corrupción y que haya justicia en el país. Por eso vamos a salir fortalecidos, o sea, que nos vino esto como anillo al dedo para afianzar el propósito de la transformación» [AMLO].
El lenguaje verbal y no verbal incide en nuestra forma de comprender a una persona, como la realidad circundante. Si los discursos de los funcionarios públicos son realizados irresponsablemente, acompañados de un menosprecio por las medidas sanitarias es, hasta cierto sentido lógico que, una parte de nuestra población le reste importancia a la situación en la que nos encontramos o piense, que esta pandemia es una "leyenda urbana" más. Se dice popularmente que, “cada país tiene el gobierno que se merece”. ¿Serán estos gobiernos, los que México se merece?

2. ¿Qué nos está enseñando esta pandemia?
1. La urgencia de una formación política
A mediados de febrero, varios países europeos entraron en cuarentena; mientras que, aquí en México las autoridades se decían listas para combatir a este enemigo invisible. A las pocas semanas ya estaba el coronavirus en nuestro país, con una gran desventaja: nuestro sistema de salud se encontraba destruido por las medidas y políticas del gobierno actual.
De hecho, previamente los médicos del hospital de neurología en la Ciudad de México, denunciaban la carencia de insumos y medicamentos para atender a los pacientes. Las imágenes resultaban inquietantes, pues los médicos junto con los familiares de los enfermos tenían que hacer una cooperación para tener lo indispensable dentro del hospital. También, los padres que tienen niños con cáncer, se habían manifestado por la carencia de apoyo medicinal. ¿De qué sirve que se enseñe ante los medios, la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, si no se ve su rostro en el enfermo?
Públicamente, se hacía todo un espectáculo para mostrar que nuestro sistema de salud estaba realmente preparado con los protocolos propios; lo cierto, es que, en gran parte de los hospitales, los médicos y enfermeros no contaban con el equipo necesario, ni áreas de espera para los enfermos y sus familiares, ni siquiera los protocolos de seguimiento para los familiares, ni mucho menos, para el traslado de los cadáveres. El caso más desgarrador fue el hospital de las Américas, ubicado en Ecatepec (Edo. De México), donde los familiares tuvieron que entrar porque no recibían noticias sobre sus enfermos; y la sorpresa trágica fue la cantidad de personas muertas, que estaban incluso en el suelo.
En los inicios de este sexenio, varios especialistas decían que, con la austeridad del gobierno, se estaba matando al sistema de salud, llamándole a esta situación desastrosa, un “austericidio”. Más adelante, Enrique Campos, analista en finanzas y economía, expresó que el gobierno con su austeridad –paradójicamente para regalar el dinero– merecía más el nombre de “austericida”:
«El austericidio habla de matar la austeridad, no de provocarla hasta el extremo de la muerte.
Hoy en México, los recortes al gasto público en medicinas, en tratamientos para el cáncer, en atención médica tienen que ver, literalmente, con la muerte de los afectados. Hay una austeridad extrema en áreas altamente sensibles.
El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador sí es, sin embargo, austericida en los programas asistencialistas. Ahí sí abre la cartera para regalar dinero a manos llenas a su clientela política. Pueden los jóvenes médicos residentes no tener ya una beca para mantener sus estudios, pero otro joven, que ni estudie ni trabaje, que se inscriba en las listas presidenciales de uno de sus programas, puede recibir casi 4,000 pesos mensuales, sin hacer nada a cambio» (La austeridad letal, que no austericidio, de la 4T, El Economista, 23-V-2019 [on line]).
En México se padece de una formación política que, es aprovechada por los partidos políticos. No puede ser creíble que, en pleno siglo XXI, se siga con la práctica de la compra de votos o con programas sociales que no promueven la dignidad de la persona, sino que encadenan a los beneficiarios a un paternalismo-asistencialismo, para seguir teniendo un padrón de votantes. Sin esta formación política, la mente no se verá liberada de aquel fanatismo ciego que, considera al partido político como un ajuste de cuentas entre clases sociales. Solo mediante una educación-formación, el ciudadano será capaz de liberarse de ese “yo fanático-partidista”, para la maduración de un juicio recto y un sano espíritu crítico.

2. El cuidado de la ecología humana y la ecología ambiental.
En el magisterio de Juan Pablo II se puede notar una continua denuncia sobre “la cultura de la muerte” bajo la promoción del aborto, la anticoncepción y una cultura hedonista. El Papa Francisco, por su parte, ante los signos socioculturales que desprestigian el don de la vida, la ha llamado “la cultura del descarte”; y Benedicto XVI en su carta encíclica «Caritas in Veritate» (3) hace un apelo a recuperar la ecología humana, ante la destrucción que el hombre hace de sí mismo:
«Si no se respeta el derecho a la vida y a la muerte natural, si se hace artificial la concepción, la gestación y el nacimiento del hombre, si se sacrifican embriones humanos a la investigación, la conciencia común acaba perdiendo el concepto de ecología humana y con ello de la ecología ambiental. Es una contradicción pedir a las nuevas generaciones el respeto al ambiente natural, cuando la educación y las leyes no las ayudan a respetarse a sí mismas».
El coronavirus está forzando al hombre y a la mujer a detenerse y, en la medida de lo posible, a estar dentro de su hogar. Se quiera o no, esta enfermedad está obligando a redescubrir lo que es esencial y verdaderamente importante en la vida del ser humano, ante una cultura de la muerte y del descarte, o si se prefiere, una sociedad líquida, sin valores.
Transformar nuestro entorno social, desde el cuidado del medio ambiente, implica previamente, la comprensión y la promoción de una ecología humana; un esfuerzo que, más que esperarlo de las instituciones, debe de tener su punto de partida en los hogares.

3. Aprender a leer los “signos de la globalización”.
El día 31 de diciembre de 2019 las autoridades chinas informaron a la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la existencia de un grupo de pacientes con neumonía. Entonces, la ciudad china llamada Wuhan entraba en cuarentena por la presencia de un virus. La situación se veía demasiado lejana para Europa, África y América; y no fue así.
Leer los “signos de la globalización” significa comprendernos como lo que somos, una humanidad que, habita un mismo planeta; de ahí, la expresión del Papa Francisco «nuestra casa común». De modo que, lo que sufre una población no queda como un evento aislado, sino que tendrá sus consecuencias en el resto de la humanidad.
La importancia de esta lectura, sobre todo a nivel eclesial, consiste en propiciar una pastoral preventiva y atenta a las necesidades que surgirán según el entorno. No es tarde para seguir propiciando una pastoral de conjunto, ya no sólo a nivel parroquial, sino como una Iglesia que comparte lo que es común. No pensemos que, este esfuerzo deba provenir de quienes están al frente de las distintas pastorales o servicios diocesanos; más bien, es un trabajo que procede, por una parte, de la misma espiritualidad cristiana y de una sinergia pastoral entendida como apoyo y colaboración entre comunidades. Por ejemplo, hay parroquias y rectorías cuya población se dedica al comercio informal. No se necesita ser adivino para comprender que, en estos momentos, ellos están padeciendo más los estragos económicos que propicia esta pandemia. Aquí es donde otras comunidades parroquiales pueden subisdiarlas y acompañarlas, en la medida de los posible.
Una pastoral comprendida así, ayudaría a salir de los propios límites territoriales para generar caminos y puentes de comunión, propiciando un apostolado genuino de los laicos en las distintas pastorales específicas. De hecho, por los matices culturales de nuestro país, tendremos que ir pensando en una "pastoral de la esperanza", sobre todo, para acompañar a aquellas familias que han perdido a un ser querido en este tiempo pandémico, sin la oportunidad de haberse despedido.
Si notamos, aprender a leer los “signos de la globalización” en nuestro contexto histórico, fomentaría una mayor escucha para discernir cómo poder servir en la caridad, atendiendo los distintos campos de formación y apostolado.
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