Edición 622, Domingo 28 de Febrero de 2010
Arquidiócesis de Puebla
               
 

Editorial

México:
¿Creo en tí?

 

 

Querido México: te escribo estas líneas a ti, al país que me acogió al nacer y cuyo cielo me ha visto crecer, a ti que me has dado el arraigo simbolizado en una bandera, en una historia, en las notas de un himno que hace vibrar el corazón cuando resuena por encima de las latitudes y los destinos.

En el pleno de mis facultades, te escribo porque quiero plasmar en palabras el coraje y la impotencia al ver como tus ciudadanos no te amamos, no te queremos, nos importas tan poco. Y esto te lo digo no sólo por lo que se ve, sobre todo en los medios de comunicación -videos descubriendo la corrupción, fraudes, decomisos, pleitos políticos, descalificaciones, difamaciones públicas, faltas de respeto, y otras tantas manchas que ensombrecen el límpido ambiente que un día soñamos volver a tener- te lo digo por lo que no se ve: esos micro movimientos del corazón de cada uno de tus ciudadanos que anteceden a la mega destrucción de la credibilidad, la honradez y los nobles y leales valores que hacen de ti la posibilidad de una nación independiente, humana y generosa a la que entreguemos nuestra existencia.

Me pregunto México ¿Cuál será tu último destino? ¿Hacia dónde te estamos llevando? Una y otra vez, en el plano del cosmos y la diversidad de nuestra nación, aparecen sobre tu heroica faz, los descalabros que manchan y alejan las esperanzas de ver un claro y limpio porvenir o al menos el sueño de alcanzar la estabilidad social que en repetidas ocasiones se ha escapado de nuestras manos.

¿Cuándo haremos de ti un país cuyos ciudadanos nos sintamos orgullosos, no sólo de la algarabía y el alboroto, sino del esfuerzo por verte crecer libre y soberano? Muchos sectores han quedado lejos de representar el profundo sentir del pueblo, las ambiciones y corrompidas aspiraciones siguen floreciendo en las diversas esferas de tu vida, nada se escapa de este cáncer perturbador, nadie puede verse con la libertad de arrojar la primera piedra, te hemos negado a ti y a nosotros mismos una época distinta, una era de verdadera reforma social. Te hemos raptado y hecho presa de los más fieros y egoístas intereses, la mea culpa nos impide mirarte a los ojos porque te alimentamos de demagogia, de mezquinos oportunismos y de falsas esperanzas. Te hemos negado toda posibilidad de crecimiento y desarrollo, de ser un país autosuficiente capaz de vivir a la vanguardia de los grandes avances científicos y tecnológicos, no queremos que en el panorama mundial te guarden admiración y respeto.

Creo, amado México, que es nuestro deber hacer un serio examen de conciencia y de rodillas, como lo hizo Su Santidad Juan Pablo II a nombre de toda la Iglesia, pedirte perdón por no quererte y mucho menos amarte.

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