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La familia, promotora en los valores Ficha 18 |
Una palabra difícil de pronunciar Solidaridad es una palabra muy larga y muy difícil de pronunciar; pero es también una realidad difícil de vivir. Se puso de moda cuando los polacos se sacudieron el yugo del partido comunista y de la Unión Soviética gracias al sindicato Solidaridad, que logró democráticamente el triunfo en las elecciones de su patria e inició así el derrumbe de ese gigante con pies de arena que era el partido comunista. Con el triunfo de los polacos se derrumbó, también, el muro de Berlín, nefasto símbolo de la dictadura soviética que tanto daño hizo en el Siglo XX. Esta lucha por la libertad se llevó a cabo por la solidaridad de los polacos y de las naciones que presionaron para que se respetara su libertad recién conquistada. ¿Qué es? Alma es mamá de dos hijos sordomudos. Mientras vivió en la Ciudad de México le era fácil llevarlos a la escuela para sordomudos que funciona en la Parroquia de San Hipólito, junto a la Alameda, pero se cambiaron a Ciudad Satélite en el Estado de México e ir y venir se convirtió en algo imposible. Poco a poco fue conociendo a otras familias en las que había niños sordomudos y entonces se les ocurrió la idea de hacer ellos mismos una escuela para sus hijos. Unidos encontraron remedio a una necesidad común. Todos entendemos el concepto de “sólido” de donde viene nuestra larga palabra que significa hacernos sólidos con los demás, es decir, una sola cosa con ellos porque somos parte de ellos y compartimos las mismas necesidades. De la solidaridad a la comunión fraterna Es comprensible que luchemos juntos, entusiastamente, comprometidamente, cuando tenemos las mismas necesidades. Es más difícil comprender que alguien que no tiene necesidad se una solidariamente con los necesitados y tome su lucha como propia; para eso se necesita amor. La solidaridad es por eso una virtud esencialmente cristiana. Jesús es solidario. Nosotros, los hijos de Dios, deberíamos poder ver en cada hombre de la tierra a un hermano cuyas penas son nuestras penas porque lo amamos. Paraíso esquina con gloria Hace tiempo promovimos un grupo de reflexión en un asentamiento humano irregular que ocupaba ilegalmente una barranca. Nos reuníamos con la esperanza de conseguir tantas cosas que nos hacían falta. Juntos logramos legalizar la vivienda, agua, drenaje, pavimentación, luz... ¡vivíamos en Paraíso esquina con la Gloria y entonces... ¡dejaron de asistir a la reunión! Ya no hacía falta, ya habían conseguido todo lo material que necesitaban. Ya tan sólo siguieron asistiendo algunas mujeres y algunos niños y lo hacían más por amistad que por interés en las reflexiones cristianas que hacíamos. ¿Qué nos falló? Quizás se nos olvidó buscar primero el Reino de Dios y su justicia y nos convertimos en simples promotores sociales, lo que no estuvo mal, pero no era nuestro papel. La solidaridad va más allá de los bienes materiales es, también, compartir los bienes espirituales de la fe (CEC 1942) ¿Cómo aprender a ser solidario? • En la actualidad hay manifestaciones todos los días; preocupémonos por investigar cuáles de ellas corresponden a necesidades humanas ciertas y cuáles solamente responden a los intereses de algún político. • Sepamos apoyar las luchas justas con nuestra presencia y nuestra ayuda comprometida. • Escribamos cartas de apoyo a los que actúan bien y enviemos mensajes de consuelo a las personas que sufren alguna desgracia. •Mostremos comprensión y seamos amables con los que atraviesan una situación difícil y penosa. • Compartamos generosamente no sólo nuestros bienes materiales, sino lo que sabemos, lo que somos y ¡nuestro tiempo! • Aprendamos a organizarnos para conseguir lo que necesitamos: seguridad, limpieza, salud, moralidad, espectáculos sanos... • Los pequeños también pueden ser solidarios interesándose en las grandes causas, guiados por los papás. |
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