![]() |
|
||
La familia, promotora en los valores Ficha 27 |
Honra a tu padre y a tu madre La vejez es una bendición de Dios, pero qué difícil es ser viejo. El cuerpo se desgasta día a día y las enfermedades agravan el paso natural del tiempo, de tal modo que se llega a ser prácticamente un inválido, dependiente de los demás en todo. ¡Pobres de los que no tuvieron hijos y de los que no supieron educarlos en el amor! Su triste destino será el acogerse a la caridad pública en la que se sirve por un sueldo y por obligación. ¡Dichosos los que supieron ganarse el amor de los hijos!, vivirán rodeados de cariño y morirán en medio de ellos. He visto cómo son capaces de dejar todo, hasta a ellas mismas, para darse a un padre o una madre enfermos, sacando fuerzas de su debilidad y manteniéndose firmes a pesar de la pesada carga y a pesar de lo largo del tiempo. ¡Benditas sean! Eso es abnegación. ¿Qué es y qué no es la sinceridad? Es una palabra que tiene su origen en el latín, donde significa pureza o limpieza. Ser sincero es ser limpio, no tener mancha. Desde luego no es sincero el que, presumiendo de serlo, se dedica a decir verdades molestas y humillantes a los demás. Esa persona es un impertinente y un mal educado que no tiene sensibilidad ni caridad para convivir con los demás. Podemos y debemos decir la verdad, pero siempre anteponiendo la prudencia y el respeto que nos merece la dignidad y la buena fama de nuestro prójimo. ¿Qué es la abnegación? “Sacrificio voluntario de los propios afectos o intereses en servicio de Dios o del prójimo.” (Salvat) Abnegarse, del latín, significa negarse a sí mismo. La abnegación tiene un motivo que la explica y que normalmente es un bien que se desea conseguir y para lo cual se sacrifican intereses personales. Cuando el motivo de la abnegación es Dios, entonces adquiere un especial sentido de sacrificio, que significa hacer sagrado algo. Aquello a lo que renunciamos por amor, se lo ofrecemos a Dios. Se explica por el amor Nos hemos vuelto muy egoístas. Como damos excesivo valor al tener, ya no comprendemos el dar y cuando alguien da pensamos que se está atentando contra sus derechos. El egoísmo no comprende y hasta critica la abnegación de un hermano mayor por sacar adelante a sus hermanos sin padre. ¡Que los olvide y que se supere primero él mismo!, pero él, gracias a Dios, no puede olvidar el amor. Por amor una esposa es fiel y espera al marido que se va a trabajar al país del Norte. Por amor los padres de un hijo autista buscan continuamente su bien. Por amor una jovencita decide tener el hijo cuya venida arruinará su vida porque el novio no le cumplió. Por amor un hombre deja de beber y asiste a un grupo de Alcohólicos Anónimos. Por amor un nieto se va a vivir con sus abuelos para que no estén solos. Y si nuestro mundo no entiende este tipo de abnegación, menos comprende y acepta la que lleva a una joven a ser monjita o a un joven a ser sacerdote. Jesús nos pide abnegarnos Jesús es un modelo de abnegación. Siendo Dios, nos dice San Pablo, renunció a su condición divina y se hizo hombre, tan hombre como cualquiera de nosotros, menos en el pecado. Cuando Jesús sufría su débil condición humana, ¿lamentaba, acaso, haber renunciado a sus poderes divinos? ¡No!; porque lo hizo por amor a nosotros. Y Él, que tanto amó, nos pide a sus discípulos que, si queremos de veras serlo, debemos renunciar a nosotros mismos y tomar su cruz. (Mt 16, 24) Ser uno con Jesús, seguirlo, consiste en renunciar a la propia voluntad y tratar de hacer la voluntad del Padre Dios, tal como Jesús mismo lo hace. Se es abnegado... • Cuando el hermano mayor, sin que nadie se lo diga, renuncia a su postre favorito para que ajuste para sus demás hermanos menores. • Cuando la esposa se abstiene de su necesidad de quejarse ante su marido porque ve que llega muy cansado del trabajo. • Cuando el esposo renuncia a llevar una película mala a su hogar para no lastimar a su mujer que lo ama. • Cuando el hijo no protesta ante los signos de amor maternales hechos en público y delante de sus amigos. • Cuando el profesionista inventa un pretexto para cobrar menos a un cliente del que sabe que tiene grandes necesidades económicas. • Cuando prestamos atención a un amigo que nos muestra las fotos de sus hijos por milésima vez. |
|
|||||||||
|
|||||||||||