Edición 545, Domingo 7 de Septiembre de 2008
Arquidiócesis de Puebla
               
 

La familia, promotora en los valores

Ficha 33
La Unidad


Por Pbro. Sergio Román del Real

 

 


Vivían unidos y lo tenían todo en común (Hch 2,44)

Cuando queremos vivir como auténticos discípulos de Jesús volvemos los ojos hacia los primeros cristianos, ya sea en los Evangelios o en los Hechos de los Apóstoles. Su ejemplo nos alienta aunque a veces parece sobrepasar nuestra realidad. A mí me tocó vivir un episodio que parecería sacado de los Hechos de los Apóstoles en un pueblo al sur de la ciudad de México.

Tomamos muy en serio eso de vivir una auténtica comunidad y no nos dábamos cuenta de lo que Dios había logrado en nosotros hasta que una familia muy querida padeció una desgracia. Desde hacía muchos años habitaba en una casona vieja cuya renta era barata. El matrimonio era muy trabajador, pero muy pobre y con muchos hijos; cada uno de ellos era un verdadero tesoro de cuyo valor se enriquecía nuestra parroquia.

De pronto les pidieron la casa porque en ese lugar se construiría un conjunto habitacional. Contaron sus penas al consejo parroquial y sucedió el milagro de la caridad real: un viejo nativo del pueblo ofreció un pedacito del terreno de su casa para que allí se construyera una que él tomaría a cuenta de renta. Un grupo de jóvenes se ofreció a edificar la casita. Entre los demás miembros del consejo se ofrecieron a dar el material y hubo quien se encargó de conseguir los permisos necesarios en la delegación. Muy pronto pudimos visitar a nuestros amigos en esa casita que era un signo de la unidad de la comunidad.

Desde entonces estoy convencido de que sí es posible formar una comunidad y vivir los ideales cristianos. Todo lo podemos porque es Dios quien da las fuerzas.

Para que sean uno... (Jn 17,11)

La unidad era el ferviente deseo de Jesús y por ella hacía oración a su Padre. Nos quería uno. Pero nosotros no supimos ser uno. Le dimos la espalda al Espíritu Santo que es Espíritu de comunión y, llenos de soberbia, dividimos la Iglesia Una y ahora sufrimos nuestra falta de testimonio. Nos duele. Nos duele a todos, a católicos y a no católicos. Por eso pedimos constantemente al Padre de Jesús que seamos uno en ese movimiento nacido, indudablemente del Espíritu Santo, que se llama ecumenismo. Poco a poco vamos avanzando en busca de la unidad.

Que se pongan de acuerdo para que no haya divisiones entre ustedes (1 Cor 1,10)

La desunión es un mal testimonio entre cristianos. La parroquia es la expresión de la Iglesia más cercana a la casa de los hombres. Podemos asistir a ella como espectadores o podemos pertenecer a ella como miembros activos y, entonces, seremos la comunidad parroquial. El mundo espera de nosotros un testimonio claro de unidad. La unidad nace del amor. Desde luego del amor a Dios por quien renunciamos al desmedido amor a nosotros mismos y buscamos su voluntad, pero también del amor a los demás miembros de la comunidad con quienes convivimos y trabajamos.

Si existe rivalidad entre dos grupos, ¡falta amor! Si hay protagonismo de un líder, ¡le falta amar! Si el sacerdote no escucha, ¡le falta amar! Somos de Cristo y a Él es a quien, unidos, buscamos.

El que a ma a su mujer, a sí mismo se ama (Ef 5,28)

Si la unidad es una de las notas características de la Iglesia, ¡cómo no ha de serlo también de la familia que es la Iglesia doméstica!

Por el sacramento del Matrimonio los esposos dejan de ser dos y comienzan a ser una sola carne, unidos por la única cadena legítima: la del amor. Si los esposos se aman y se respetan, tendrán una familia unida en el amor. Indudablemente la mejor educación que se puede dar a los hijos es el testimonio de unidad de los esposos.

Rompe la unidad familiar, desde luego y en primer lugar, la infidelidad conyugal, el adulterio, que se considera en las Sagradas Escrituras como un pecado gravísimo, porque los esposo son signo del amor de Dios que es fidelísimo. Pero también rompemos la unidad familiar cuando damos preferencia a otras cosas, incluso buenas, sobre la familia.

Que sean uno...

• Que sea una nuestra nación y que podamos reconciliar la pluralidad de intereses buscando el bien común.

• Que seamos uno con nuestros trabajos buscando la justicia y el acuerdo entre jefes y empleados.

• Que seamos uno con nuestros vecinos, haciendo a un lado lo que nos divide.

• Que seamos uno con nuestros amigos, con quienes compartimos gustos e intereses.

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Acerca del autor

El Padre Sergio Román es sacerdote católico en la Arquidiócesis de México. Cada semana publica una ficha que catequiza a los fieles rumbo al VI Encuentro Mundial de las Familias en México a realizarse en enero de 2009.

Otros temas:

Ficha 32. La Confianza

Ficha 31. La Amabilidad

Ficha 30. El Pudor

Ficha 29. La Obediencia

Ficha 28. Saber escuchar

Ficha 27. La Abnegación

Ficha 26. La Sinceridad

Ficha 25. La Misericordia

Ficha 24. La Tolerencia

Ficha 23. El Respeto

Ficha 22.
La Templanza

Ficha 21. La Fortaleza

Ficha 20. La Prudencia

Ficha 19. La Coherencia

Ficha 18. La Solidaridad

Ficha 17. La Alegría

Ficha 16. La Amistad

Ficha 15. El Perdón

Ficha 14. La Honradez

Ficha 13. La Gratitud

Ficha 12.
La Lealtad

Ficha 11.
La Bondad

Ficha 10. La Paciencia

Ficha 9. La Obediencia

Ficha 8. La Justicia

Ficha 7.
La Fidelidad

Ficha 6.
El Servir

Ficha 5.
La Verdad

Ficha 4.
Responsabilidad

Ficha 3.
La Honestidad

Ficha 2.
El Bien

Ficha 1.
La Dignidad

   
               
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