Edición 554, Domingo 9 de Noviembre de 2008
Arquidiócesis de Puebla
               
 

La familia, promotora en los valores

Ficha 42
La Esperanza


Por Pbro. Sergio Román del Real

 

 


Un hombre que sí tenía tiempo

A los 61años el hombre de hoy ya piensa en retirarse y gozar, si se puede, de su pensión duramente adquirida. Piensa que ya no tienen tiempo.

A  esa edad llegó a la Nueva España el oidor Vasco de Quiroga. No era sacerdote, era un caballero noble, abogado, muy de las confianzas de su rey. Y a esa edad comenzó a vivir un sueño, a construir una Utopía, una república cristiana de indios. Fray Juan de Zumárraga lo ordenó sacerdote y obispo de Michoacán a sus 68 años. Murió a los 95 en plena actividad mientras realizaba una visita pastoral en Uruapan. Está enterrado en su catedral inconclusa, en Patzcuaro y el pueblo agradecido lo recuerda con el dulce nombre de Tata Vasco.

¿Qué hizo? Era un anciano en flor. Parecía que nunca pensara morirse y, lleno de esperanza, amó la vida y trabajó buscando la felicidad de los que amaba. Enseñó a los indios a trabajar el cobre, a hacer imágenes, a tallar maderas, a decorar primorosamente las jícaras y otros utensilios con ricas lacas, a fabricar guitarras, textiles, cerámica y mil cosas más. Introdujo el plátano por primera vez en este continente y otros productos del viejo mundo. Él fundó en Pátzcuaro el Colegio de San Nicolás. Él sí tenía tiempo. Tenía esperanza.

La búsqueda de la felicidad

La Esperanza es, para los que creemos en Dios, una virtud que nos hace anhelar la felicidad eterna, el cielo. Pero también se entiende como un valor humano que nos hace buscar sin cansancio, sin desaliento, la felicidad aquí en la tierra. Para los creyentes, la esperanza es construir el cielo ya desde nuestra vida en la tierra.
La esperanza implica un gran amor a la vida y el entusiasmo sostenido por vivirla responsablemente, plenamente.

Cuando dos jóvenes inician una nueva familia, lo hacen llenos de esperanza y nosotros les deseamos que sean felices para siempre. Pero la felicidad no llega como la lluvia del cielo, tenemos que esforzarnos por construirla.

Los bienes materiales son importantes para conseguir ser felices. La miseria esclaviza y denigra. Pero no podemos limitar nuestra felicidad a la obtención y goce de esos bienes y, mucho menos, sacrificar los bienes espirituales y humanos al anhelo desmedido de tener. Pobres de los que ponen las ganancias por encima de su familia ¡y de su moral!

Cuando se acaba la esperanza

La adversidad se hace presente en nuestras vidas a veces como consecuencia de la irresponsabilidad propia, a veces por la de otros e, incluso, por el simple hecho de vivir en este mundo.

El desempleo, la enfermedad, la muerte de un ser querido, la incomprensión o el engaño de nuestros seres amados nos sumen en la incertidumbre, en la desilusión... en la tristeza profunda. Otras veces es el vacío, la falta de ilusiones, el hastío lo que nos hace caer en la desesperanza.

La drogadicción y el alcoholismo son enfermedades libremente adquiridas, con frecuencia, por buscar una salida a la desesperanza. El suicidio es una puerta falsa que se abre por la desesperación.

¡Qué triste es ver a un jovencito que ya no tiene interés en la vida! Tan triste como ver a un anciano que le suplica a Dios que lo recoja porque ya nada tiene que hacer aquí.

El conformismo, el acomodamiento, el dejar hacer, el ya no hacer nada por una mejoría, el abandono, el dejar de soñar son signos de desesperanza.

¿Cómo se cura esa enfermedad?

Descubriendo las raíces, buscando los valores que dan firmeza y razón a nuestro existir.

Los primeros cristianos representaban la esperanza como una cruz-ancla que nos daba seguridad en medio de las tormentas de la vida. El ancla evita que una nave sea arrastrada por las olas.

La esperanza renace cuando volvemos a gustar la felicidad de sabernos útiles y capaces de hacer el bien a otros. Salimos de las tinieblas de la muerte en vida cuando descubrimos la luz del amor desinteresado al prójimo. Saber que todavía somos necesarios nos renueva y nos obliga a seguir viviendo.

La familia: Escuela de la Esperanza

Cada momento de la vida en familia es una oportunidad para aprender a esperar; para aprender a buscar la felicidad en contra de cualquier adversidad.

Los valores familiares nos sostienen en la lucha por ser felices. Trabajamos con alegría si lo hacemos por los que amamos y con los que amamos.

Como familia soñemos juntos, no sólo en una mejora material, sino en conseguir aquellos valores humanos y cristianos que nos ayudarán a ser felices.

Y no olvidemos que para nosotros los cristianos el bien más importante será siempre Dios mismo, el sumo bien.

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Acerca del autor

El Padre Sergio Román es sacerdote católico en la Arquidiócesis de México. Cada semana publica una ficha que catequiza a los fieles rumbo al VI Encuentro Mundial de las Familias en México a realizarse en enero de 2009.

Otros temas:

Ficha 41. La Religiosidad

Ficha 40. La Compasión

Ficha 39. La Igualdad

Ficha 38. El bien común

Ficha 37. La paz

Ficha 36. La libertad

Ficha 35. Amor a la patria

Ficha 34. El respeto
a la mujer


Ficha 33. La Unidad

Ficha 32. La Confianza

Ficha 31. La Amabilidad

Ficha 30. El Pudor

Ficha 29. La Obediencia

Ficha 28. Saber escuchar

Ficha 27. La Abnegación

Ficha 26. La Sinceridad

Ficha 25. La Misericordia

Ficha 24. La Tolerencia

Ficha 23. El Respeto

Ficha 22.
La Templanza

Ficha 21. La Fortaleza

Ficha 20. La Prudencia

Ficha 19. La Coherencia

Ficha 18. La Solidaridad

Ficha 17. La Alegría

Ficha 16. La Amistad

Ficha 15. El Perdón

Ficha 14. La Honradez

Ficha 13. La Gratitud

Ficha 12.
La Lealtad

Ficha 11.
La Bondad

Ficha 10. La Paciencia

Ficha 9. La Obediencia

Ficha 8. La Justicia

Ficha 7.
La Fidelidad

Ficha 6.
El Servir

Ficha 5.
La Verdad

Ficha 4.
Responsabilidad

Ficha 3.
La Honestidad

Ficha 2.
El Bien

Ficha 1.
La Dignidad

   
               
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