Mientras tanto no hay que quedarse parados mirando al cielo, porque hay una misión que cumplir.
Esto es, en pocas palabras, lo que señala desde entonces la actitud del cristiano: la esperanza y una esperanza activa.
“Seréis mis testigos hasta los últimos rincones de la tierra, vayan, pues, y enseñen a todas las naciones ‘bautizándolas’ y sepan que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.
Entre los ojos que ven cómo se va y la esperanza que los dispone a volverlo a ver, se muestra la promesa y la misión; la promesa de tenerlo siempre entre nosotros y la misión de darlo a conocer a todos.
La esperanza, pues, que se realiza todos los días en el testimonio del cristiano.
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